lunes, 21 de febrero de 2011

Periodismo Romántico

Reflexionando últimamente sobre mi carrera y mis posibilidades como profesional del periodismo he llegado a una conclusión que quizá no suene muy agradable: Desde primer semestre nos enseñan qué debe ser el periodismo, qué no es el periodismo. Responsable, justo, íntegro, “objetivo”, son las características que nivel tras nivel oímos de nuestros docentes cuando describen cómo es (o debe ser) un periodista.
Creo que muchos nos hemos dado cuenta, para bien o para mal, de que el periodismo no es lo que nos dicen que es: un servicio social. Más bien es, como dice Ryszard Kapuscinski, un buen negocio al que pocos logran sacarle provecho. No dudo que muchos de los que inician hoy sus estudios en periodismo lo hagan con la ilusión de ganar dinero, de verse “bonitos” en una pantalla o de ser reconocidos cuando salgan al supermercado. No puedo negar que cuando era niña me maravillaba la magia de la televisión, el poder verme como otros me ven; tal vez por eso decía que mi sueño era ser periodista. Al terminar mis estudios de bachillerato, lo digo con toda sinceridad, tuve la seria convicción de que quería estudiar periodismo para servirle desde mi profesión a mi comunidad, serle útil. Hoy digo, en la mitad de mi carrera, eso me va a quedar difícil. Incluso he desviado mi atención a otros campos de la comunicación, que igualmente me interesan, pensando en que para mí es complicado lidiar con la presión de obedecer a otros intereses en mi trabajo, de no ser responsable con mis principios.
Es romántico pensar que el periodismo, al menos en nuestro país, es una herramienta útil para los ciudadanos en el momento de formarse una imagen justa de cómo son las cosas en realidad, cuando de sobra sabemos que los medios trabajan a la par con los gobernantes y los empresarios, enseñándonos todo lo que a éstos últimos les conviene que creamos.
Kapuscinski dice que el periodismo tiene como tarea principal el hacernos comprender nuestro entorno, y que comprendiéndolo nos volvemos tolerantes. En mi concepto este país, su gente, es la prueba de que no tenemos el periodismo que idealmente deberíamos tener. Los colombianos no respetamos nuestras diferencias, nos parece un sacrilegio que alguien no comparta los pensamientos que el común comparte; tenemos en nuestra cabeza quien no esté de acuerdo con nuestras ideas es un bicho, alguien a quien culpar de tantos problemas que nos invaden, un terrorista. El desconocimiento de la realidad que el otro vive ha logrado que nos odiemos a nosotros mismo y a nuestros vecinos.
Incluso puedo pensar que en parte la culpa es del espectador, un espectador no tan activo como dicen, que su actividad se limita a pasar canales y decidir cuál set está más bonito, cuál presentadora es más atractiva, qué novela sigue después del noticiero. No sé si sea muy romántico, pero es posible que si exigimos calidad y responsabilidad, todos juntos, consigamos el periodismo que deberíamos tener; pero se me hace que es igual de difícil que el hecho de que algún día nos unamos y consigamos los gobernantes que deberíamos tener.

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